Desde el Renacimiento hasta la Revolución Industrial, en apenas 400 años se duplicó el saber universal. Desde ese tiempo, hasta la utilización de la energía eléctrica, pasó sólo un poco más de un siglo para que se volviera a duplicar el conocimiento. Cincuenta años después, se utilizaba la energía atómica y se sabía el doble sobre el mundo y su entorno. De ahí a la invención del ordenador y el primer hombre en la luna, 25 años bastaron para repetir el ciclo mencionado.
La Era Espacial dejo pasó rápidamente a la Era de la Información, con la masificación del ordenador personal y la invención de Internet para fines civiles. En 10 años primero y en cinco después, se multiplica el conocimiento por dos.
En la actualidad el ser humano tarda sólo uno o dos años en descubrir, inventar, crear y transformar el mundo que lo rodea. Lo que hoy nos parece una novedad difícil de asimilar, en dos años puede ser algo obsoleto. En mis tiempos de universidad, no entendía como la generación anterior, se las arreglaba sin fotocopiadoras para poder estudiar. Hoy, un estudiante universitario no se imagina el mundo sin acceso a Internet o teléfono celular ni blok, facebook y otras novedades tecnológicas.
La rapidez de los cambios y la acumulación de conocimientos, traen aparejado un gran problema y desafío para nuestro país y región. El que no se adapte, utilice y se suba al carro de la modernidad –o pos modernidad- está condenado al subdesarrollo. El desafío por modernizar la educación, renovar la infraestructura del país, adaptar y mejorar las instituciones, invertir en investigación científica, masificar el acceso a la tecnología, etc., no puede ser sólo tarea de un gobierno ni de un grupo de elite intelectual; es una misión de toda la sociedad chilena. Tarea que no puede dejar de lado a las personas; a la sociedad civil organizada, participante, deliberante, crítica y constructiva. Lo sólido permanente está en la fuerza de la gente y eso no se desvanece.


































